La de ponerle cuatro ruedas a un motor, la de inventar el alfabeto, la de usar fuego para cocinar, o la de canalizar el agua para que llegue a mi casa.
Las ideas de los anuncios suelen ser poco más que ocurrencias. Insignificancias que perviven una temporada y de cuya existencia sus autores son mucho más conscientes que el resto de la gente.
Así que si digo que la campaña de Apple “Think Different” es una idea que me hubiera encantado tener, no quiero decir que es una campaña que me hubiera gustado idear. Lo que quiero decir es que es una idea que supera con creces los límites de la creatividad publicitaria. Es la espina dorsal de una estrategia concebida para revolucionar la creación artística y el consumo de productos creativos.
Porque lo más destacado de “Think Different” , lo que la distingue de cualquier otra campaña que recuerde, es que hace una enorme promesa que se cumple desde el primer momento y que hasta cierto punto sigue siendo vigente.
Cuando salieron los primeros Apple el mundo de la informática era un desierto tecnológico que tenía como valores principales y casi únicos, la capacidad de cálculo de los ordenadores. Era un mundo completamente alejado de la creatividad. Era el mundo gris de IBM. Con Apple llega una manera diferente y revolucionaria de utilizar la tecnología. Las ventanas y las tipografías. Empieza lo que hoy define nuestro mundo: la creatividad y el arte tecnológicamente avanzados. Es el anzuelo que hace que millones de personas desarrollen capacidades artísticas de manera independiente, socavando así el poder de las grandes empresas del entretenimiento y la comunicación. Hoy todos somos fotógrafos, diseñadores, directores de cine y músicos. O creemos serlo, que a veces es suficiente.
El logo original, esa manzana mordida, que es la fruta prohibida, la tentación en la que caemos sin arrepentirnos, es ya de por sí una gran declaración de intenciones. Cuando entramos en Apple estamos comiendo la fruta del árbol del conocimiento y por lo tanto, desafiando al gran poder establecido. Una manzana irreverente y multicolor. Irreverente y multicolor como la bandera gay. Valores compartidos, pero con la habilidad de no convertirse en producto de nicho. Porque Apple en realidad no es un producto.
“Think Different”: Gandhi, Einstein, Bertrand Russel, Mohammed Ali, Richard Branson o Bob Dylan. Imágenes en blanco y negro de personajes antiguos y de culto. Apple utiliza como prescriptores a los genios rebeldes. Pone en un mismo cajón a Gandhi y a Richard Branson. Ahora nos estremecemos, y eso que contamos con la ventaja de haber tenido más de una década para comprender a qué se referían. Pero imagina lo que debió ser la puesta en marcha de esa campaña. Mientras otros utilizaban la imagen de estrellas del deporte o de Hollywood, Steve Jobs lanza una campaña protagonizada por personajes elitistas y viejos. La campaña coincide con el lanzamiento del iMac, el ordenador redondo y transparente que confirma que despedir a Steve Jobs de Apple años antes fue una soberana estupidez. Con el iMac arranca la verdadera historia de la revolución Mac. iMac suena al título de la colección de relatos de ciencia ficción más influyente de la historia: “I, Robot”, de Isaac Asimov. Yo, Robot. YO, YO, YO. Y esa es la clave. El individuo, la unicidad, la singularidad de pensamiento, la legitimación del pensamiento individual y diferente. Un concepto recuperado de la Florencia renacentista de Miguel Ángel. Lo que miles de psicólogos no consiguieron en décadas, lo consigue Steve Jobs con un ordenador transparente, que parece un juguete pero que es más avanzado que cualquier competidor del momento. El mayor espaldarazo a la autoestima a gran escala de las últimas décadas. La idea es sencilla: olvídate de la informática. Céntrate en la creatividad. Empieza la muerte lenta de los PCs. Porque luego, llega el iPod, el iPhone y el iPad. Y quién sabe qué vendrá después. No recuerdo ninguna otra marca que haya creado tantas categorías de productos en tan poco tiempo.
He visto cómo Apple ha pasado de ser una marca irreverente, minoritaria y atractiva, a ser la nueva dictadora. Porque así son las cosas. Mac se ha convertido en el Gran Hermano a quien quería combatir. Con su paranoica defensa del universo cerrado, se han ido pareciendo cada vez más al Imperio de Star Wars. Ahora su manzana ya no tiene colores. Ahora es una fría manzana blanca o metálica. Fría e impenetrable. Quizás la marca se esté desarrollando igual que su creador. El pobre Steve Jobs está muy enfermo. El pobre Steve Jobs no se fía de nadie. El pobre Steve Jobs ya no tiene amigos. El genio que ha revolucionado el mundo se está apagando y no sabemos si su creación podrá sobrevivirle. Lo que sí sabemos es que Steve Jobs podría unirse a Einstein, a Marilyn y a John Lennon. Podría protagonizar su propia campaña “Think Different”. Y eso es increíble. Steve Jobs, cuando estaba creando su universo Apple era consciente de estar revolucionando el mundo. No le pilló por sorpresa. Todo respondía a una visión concreta. Una visión que nace de la cabeza de alguien que intuye que los ordenadores tienen que ser más atractivos. Su famoso discurso en Harvard, en el que cuenta cómo estudió tipografía y cómo fue precisamente ese el primer paso hacia su universo Apple, es histórico. Si todavía no es obligatorio verlo en los colegios, debería serlo.
Tengo la sensación de haber sido contemporáneo de un genio inmortal. “Think Different” dejó una enorme huella en mí, porque en realidad acertó a verbalizar algo que ya estaba en mí desde niño.
Si me preguntan qué idea me hubiera gustado tener, diré que me hubiera gustado compartir una hora con Steve Jobs en los 80. Con eso hubiera sido suficiente para tener más de una suficientemente buena.
ver el video aquí: http://www.youtube.com/watch?v=G5qfDv4IppM&feature=player_embedded
Enrique Valdez Ruiz.
DIRECTOR GENERAL
PME MARKETING GROUP
Las ideas de los anuncios suelen ser poco más que ocurrencias. Insignificancias que perviven una temporada y de cuya existencia sus autores son mucho más conscientes que el resto de la gente.
Así que si digo que la campaña de Apple “Think Different” es una idea que me hubiera encantado tener, no quiero decir que es una campaña que me hubiera gustado idear. Lo que quiero decir es que es una idea que supera con creces los límites de la creatividad publicitaria. Es la espina dorsal de una estrategia concebida para revolucionar la creación artística y el consumo de productos creativos.
Porque lo más destacado de “Think Different” , lo que la distingue de cualquier otra campaña que recuerde, es que hace una enorme promesa que se cumple desde el primer momento y que hasta cierto punto sigue siendo vigente.
Cuando salieron los primeros Apple el mundo de la informática era un desierto tecnológico que tenía como valores principales y casi únicos, la capacidad de cálculo de los ordenadores. Era un mundo completamente alejado de la creatividad. Era el mundo gris de IBM. Con Apple llega una manera diferente y revolucionaria de utilizar la tecnología. Las ventanas y las tipografías. Empieza lo que hoy define nuestro mundo: la creatividad y el arte tecnológicamente avanzados. Es el anzuelo que hace que millones de personas desarrollen capacidades artísticas de manera independiente, socavando así el poder de las grandes empresas del entretenimiento y la comunicación. Hoy todos somos fotógrafos, diseñadores, directores de cine y músicos. O creemos serlo, que a veces es suficiente.
El logo original, esa manzana mordida, que es la fruta prohibida, la tentación en la que caemos sin arrepentirnos, es ya de por sí una gran declaración de intenciones. Cuando entramos en Apple estamos comiendo la fruta del árbol del conocimiento y por lo tanto, desafiando al gran poder establecido. Una manzana irreverente y multicolor. Irreverente y multicolor como la bandera gay. Valores compartidos, pero con la habilidad de no convertirse en producto de nicho. Porque Apple en realidad no es un producto.
“Think Different”: Gandhi, Einstein, Bertrand Russel, Mohammed Ali, Richard Branson o Bob Dylan. Imágenes en blanco y negro de personajes antiguos y de culto. Apple utiliza como prescriptores a los genios rebeldes. Pone en un mismo cajón a Gandhi y a Richard Branson. Ahora nos estremecemos, y eso que contamos con la ventaja de haber tenido más de una década para comprender a qué se referían. Pero imagina lo que debió ser la puesta en marcha de esa campaña. Mientras otros utilizaban la imagen de estrellas del deporte o de Hollywood, Steve Jobs lanza una campaña protagonizada por personajes elitistas y viejos. La campaña coincide con el lanzamiento del iMac, el ordenador redondo y transparente que confirma que despedir a Steve Jobs de Apple años antes fue una soberana estupidez. Con el iMac arranca la verdadera historia de la revolución Mac. iMac suena al título de la colección de relatos de ciencia ficción más influyente de la historia: “I, Robot”, de Isaac Asimov. Yo, Robot. YO, YO, YO. Y esa es la clave. El individuo, la unicidad, la singularidad de pensamiento, la legitimación del pensamiento individual y diferente. Un concepto recuperado de la Florencia renacentista de Miguel Ángel. Lo que miles de psicólogos no consiguieron en décadas, lo consigue Steve Jobs con un ordenador transparente, que parece un juguete pero que es más avanzado que cualquier competidor del momento. El mayor espaldarazo a la autoestima a gran escala de las últimas décadas. La idea es sencilla: olvídate de la informática. Céntrate en la creatividad. Empieza la muerte lenta de los PCs. Porque luego, llega el iPod, el iPhone y el iPad. Y quién sabe qué vendrá después. No recuerdo ninguna otra marca que haya creado tantas categorías de productos en tan poco tiempo.
He visto cómo Apple ha pasado de ser una marca irreverente, minoritaria y atractiva, a ser la nueva dictadora. Porque así son las cosas. Mac se ha convertido en el Gran Hermano a quien quería combatir. Con su paranoica defensa del universo cerrado, se han ido pareciendo cada vez más al Imperio de Star Wars. Ahora su manzana ya no tiene colores. Ahora es una fría manzana blanca o metálica. Fría e impenetrable. Quizás la marca se esté desarrollando igual que su creador. El pobre Steve Jobs está muy enfermo. El pobre Steve Jobs no se fía de nadie. El pobre Steve Jobs ya no tiene amigos. El genio que ha revolucionado el mundo se está apagando y no sabemos si su creación podrá sobrevivirle. Lo que sí sabemos es que Steve Jobs podría unirse a Einstein, a Marilyn y a John Lennon. Podría protagonizar su propia campaña “Think Different”. Y eso es increíble. Steve Jobs, cuando estaba creando su universo Apple era consciente de estar revolucionando el mundo. No le pilló por sorpresa. Todo respondía a una visión concreta. Una visión que nace de la cabeza de alguien que intuye que los ordenadores tienen que ser más atractivos. Su famoso discurso en Harvard, en el que cuenta cómo estudió tipografía y cómo fue precisamente ese el primer paso hacia su universo Apple, es histórico. Si todavía no es obligatorio verlo en los colegios, debería serlo.
Tengo la sensación de haber sido contemporáneo de un genio inmortal. “Think Different” dejó una enorme huella en mí, porque en realidad acertó a verbalizar algo que ya estaba en mí desde niño.
Si me preguntan qué idea me hubiera gustado tener, diré que me hubiera gustado compartir una hora con Steve Jobs en los 80. Con eso hubiera sido suficiente para tener más de una suficientemente buena.
ver el video aquí: http://www.youtube.com/watch?v=G5qfDv4IppM&feature=player_embedded
Enrique Valdez Ruiz.
DIRECTOR GENERAL
PME MARKETING GROUP







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